domingo, 26 de septiembre de 2010

El uno para el otro

Llega el Pancho donde su Negra.. día Jueves por la tarde, desde la Universidad, con un cansancio que se le notaba a kilómetros, pero a el no le importaba en lo absoluto.
Su semana había terminado, y le esperaban por delante 4 días libres hasta el lunes; era una época especial, donde la gente se inunda de patriotismo, se le infla el pecho hablar de su tierra, donde la iris de cada ciudadano percibe un blanco mucho mas intenso en la cordillera, donde 2 empanadas de pino acompañado de una copa de tinto, es mucho mas placentero que comer caviar con champagne Belle Epoque de Perrier-Jouet. Claramente se avecinaba el 18 de septiembre y con la decisión determinada de antemano, no duda optar irse a acampar con su pareja.
Con su “Chanchita ( así le dice hasta el día de hoy ), nos vamos a la playa hoy día mismo, veo que estás bonita así que hago mi maleta y partimos”, le dijo.
Al rato después, en la carretera la negra se puso mañosa, Panchito tratando de no enganchar, esquivando los malos ratos, paró en la carretera, trato de arreglar el problema, de darle en el gusto en lo que le exigía su acompañante, hizo lo que pudo y entendiendo que ya el tema estaba mas controlado, siguieron juntos su travesía, esperando llegar a su camping en Pichidangui.
Llegaron Allá, las chichas y carcajadas abundaban, todo era blanco, rojo y azul, todo eran cánticos y brindis, felicidad y bohemia.
Pancho procesó la información y de inmediato reconoció a su gente y como todo típico he infaltable mal anfitrión, dejo a la negra sola. Pero esta ya lo conocía, acostumbrada al comportamiento descuidado del Pancho, se percató que estaba debajo de un árbol, el cual le daba sombra y se puso a descansar.
Al rato después llega Panchito, caminando en un zigzag disimulado, con botella en una mano, vaso en la otra y junto a su mejor amigo, Javier,
que a todo esto ya había andado con la negra un tiempo, pero el Pancho no se hacia rollo, total en estos momentos era solo de él.
Pancho llega donde su abandonada pareja y le exige el álbum “The Soft Parade” un clásico de a fines de los 60, de los nunca olvidados y tan vigentes como siempre, The Doors, grupo el cual pancho y Javier escuchaban todas las tardes después del colegio, en la pieza de Javier y aprovechando que se encaminaban a vivir una especie de Woodstock 2.0 este grupo venia pintado.
La negra no demoro en ponerse a tono con unas melodías en guitarra, capaz de hipnotizar a cualquiera que le pusiera un poco de atención y un volumen perfecto para una buena conversación.
Pancho con Javier empiezan a tomarse un whiskey con Redbull y hielo contundente, que recién se habían preparado, para volver más ámeno el rato.

Pasaron un par de horas sumisos dentro de su viaje dialógico acompañado por este inmejorable repertorio que estaba tocando la negra, hasta que esta conversación se vió intervenida por el silencio cortante y seco que dejo la negra al dejar de tocar la canción con el incomparable guitarreo de Robby Krieger. Pancho respira profundo, se para, y le grita al Mati Mendoza (otro de los amigos que habían ido en auto) “Mati! Préstame los cables del auto por favor, que se me olvido prenderle el motor a la negra y se me quedo sin batería”

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